La Barcelona de finales del siglo XIX, la de la Exposición Universal de 1888, era una ciudad en efervescencia en la que la arquitectura vivía un momento notable. La arquitectura se convirtió en aquellos años en un signo de estatus social de la próspera burguesía de la época. Tener una casa modernista significaba figurar, estar al día en los círculos sociales. Para colmar las expectativas y vanidades de sus clientes, los arquitectos utilizaron en su obra todo su repertorio de recursos: ornamentos florales, riqueza escultórica y trabajo del hierro forjado, formas onduladas, vidrieras policromas, esgrafiados, detalles cerámicos, etc.
Jaizubia, club hipico en Irun
(29/10/2006)
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GUIPUZCOA
Gracias por habernos elegido como compañeros para tus ratos de ocio con los caballos. Creo que es un ...