Los rincones más entrañables de Barcelona son pequeñas plazas, a menudo escondidas, como la plazoleta de Sant Just o la de Sant Felip Neri, y callejuelas que conservan aún su encanto de tiempos antiguos, como la calle del Call, la calle de Paradís y otras no menos representativas de la Barcelona romana y medieval, o calles como la de Montcada, que fué arteria señorial de la ciudad durante el siglo XIV. Para llegar a ellas tendremos que adentrarnos en pleno corazón de la ciudad antigua.