Es el edificio industrial del siglo XVIII de mayores dimensiones y mejor arquitectura de su género en España, a la vez que uno de los más antiguos de esa tipología que se conservan en Europa de la época del Antiguo Régimen. Se ubicó extramuros, junto a la Puerta de Jerez, en los terrenos conocidos como de las calaveras por haber sido un antiguo enterramiento romana. Se inició su construcción el año 1728, y aunque ya entró en uso el año 1757 su remate no se produjo hasta 1763, siendo por entonces la única que había en España. Como edificio, se extiende sobre un rectángulo de 185 x 147 metros, en España sólo menor que El Escorial, que ocupa 207 x 162 m. Arquitectónicamente destaca su esquema general de referencias renacentistas, con aires herrerianos en su planta, patios y detalles de remate de las fachadas. Al exterior, sus cuatro largas fachadas tienen un ritmo arquitectónico claramente horizontal. Se articulan a base de pilastras entre las que se sitúan amplios ventanales cuya única decoración es el sobrio frontón triangular en los del segundo cuerpo. Tras la ligera línea de friso se levanta una balaustrada coronada por pináculos y florones que poco alivian la horizontalidad del conjunto; sólo las portadas que se abren al frente de cada uno de sus lados rompen esa monotonía, pero tres de ellas son modernas, labradas hacia el año 1955, cuando el edificio se convierte en sede de la Universidad de Sevilla.